25/8/09

Pelecanus mood

Ganas de hacer el pelícano. Eso es lo que me apetece después alguna hecatombe. De liarla parda, vamos.

Después de arrebátos, impulsos irracionales, borracheras, daños colaterales, pesadumbre, lagunas mentales, o mejor dicho, océanos.

En momentos así me gustaría meter la cabeza bajo el agua a lo pelícano, o esos son los avestruces? que más da, no soy ornitóloga. Pues eso, zambullir la cabeza y que al volver a la superficie, milagrosamente los tormentos y/o arrepentimientos hubiesen desaparecido.


También podría ser ¡¡¡Tierra trágameeeeee!!!, pero la posibilidad de que el agua refresque las neuronas dormidas causantes de la catástrofe es, cuanto menos, reconfortante.

No existe peor penitencia que la de tu propia conciencia.


Y yo, tan original como siempre, en que mala hora decidí ser la hereje de la familia, con lo agustito que me quedaría con dos Padres Nuestros, un Ave Maria y un poco del Santo Rosario, o una frase-bucle-infinito: Santa Maria, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores.

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