Si te sorprendes a ti misma paseando por la calle y sonriendo felizmente sin motivo aparente... estás jodida.
Ya puede darte por saco un yonki, un homeless maloliente o un vendedor de La Farola, que el estado catatónico de alelamiento imperturbable seguirá sin borrarse de tu cara.
Créeme, muy jodida.
29/8/09
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